Misterios cristianos.
El verdadero hombre religioso no puede vivir sin una atmósfera impregnada de lo sagrado que lo eleve, y sobre todo le haga sentir que el santuario en el que se encuentra es un lugar de tránsito entre el Cielo y la Tierra, una auténtica Puerta del Cielo, y que es una parte de un mundo santificado y no una ilusión.
El hombre religioso y el profano, los "sin religión" necesitan cada cierto tiempo los rituales de renovación que den sentido a su vida. ver casarse a sus hijos, el nacimiento de un niño, comprarse una casa. etc. todo estos acontecimientos en diferente gradaciones según los individuos, están destinados al enriquecimiento interno espiritual de las personas.
La vida es un proceso alquímico destinado a la purificación del ser humano hasta que es devorado por el tiempo y olvidado en la memoria física del mundo.
La lucha con la vida, las pruebas, las dificultades y las torturas morales, son en cierto modo pruebas de iniciación, de resurrección y muerte que purifica el alma mientras el Yo inmortal contempla la obra.
Todo este camino es natural entre el hombre común que sigue su destino, sea el que contempla el mundo buscando el espacio sagrado para trascender o aquel que rechaza la sacralidad de mundo y asume una existencia profana.
A lo largo de la historia siempre han existido humanos que por su grado de evolución o inquietud mental han necesitado de acelerar la purificación espiritual para poder encontrar respuestas a las preguntas metafísicas que encierran los grandes misterios de nuestro mundo.
(El hombre no puede vivir sin misterios, Dostoyevski).
La naturaleza tiene el proceso de purificación y evolución de todos los seres que habitamos en este planeta. una mina de plomo en su proceso de purificación y transmutación, pasados millones de años se habrá convertido en una mina de oro.
Para los alquimistas ese transmutación se puede acelerar en el crisol del laboratorio fundiendo el plomo y el azufre y añadiendo lo que ellos llaman polvo de proyección o de transmutación.
La transmutación de metales groseros en oro espargírico, también llamado oro potable era el resultado de largos e infatigables trabajos, que para tener éxito en sus resultados requerían del artista una moralidad y virtud a toda prueba.
La tradición alquímica se estudia por medio de interpretaciones diferentes que requieren el dominio de los tres aspectos esenciales en que se desarrolla su obra, el humano, el terrestre y el cósmico, el verdadero alquimista desprecia el oro físico, no es más que una luz en el Camino que el Angel le concede como recompensa a sus esfuerzos y virtudes, y son precisamente esas virtudes la que permiten que el Angel este cerca de él y le acompañe en sus experimentos, la verdadera meta del alquimista es la transcendencia de los planos mental, espiritual y físico de la existencia humana y dirige todo su esfuerzo a la transmutación del cuaternario inferior al ternario divino superior en el que se funde en uno solo.
La perfección interior e íntima por medio de la alquimia mental es la que muchos hombres y mujeres utilizan en la actualidad, tienes que saber que eres tú y el Cristo interno son el laboratorio íntimo en el que trabajas y te perfeccionas, ya que los alambiques y retortas en los que te inspiras están dentro de tu corazon.
Las obras conocidas de San Alberto el Grande y su discípulo Santo Tomas son una compañía muy agradable, luego están aquellas desconocidas que escribieron y que nos habla de la alquimia y las alegorías bíblicas y místicas que enlazan este arte con la teología utilizando un lenguaje muy cercano al misticismo cristiano.

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