viernes, 27 de marzo de 2026

Aumentan en España las personas sin sustancia que no están interesadas en nada. La secularización es prácticamente total en la sociedad que vivimos.

 


¿Conoces a alguien así? Me pregunto cómo vive esa gente, qué hacen además de trabajar, comer y dormir.


Entiendo que no todos tienen talento para aficiones complejas y profundas, pero todos tenemos al menos cierta curiosidad natural: la curiosidad, el deseo de leer, estudiar y aprender más sobre un tema, o cualquier otra cosa que sea el motor de combustión interna que le de vida. He conocido personas a las que no les interesa absolutamente nada en la vida, que no investigan más, ni en su profesión ni en otros temas.


Mi opinión es, que hay que tener en cuenta, que en la actualidad la gran mayoría de las personas con las que convivimos, muchas de ellas, antes de caer en el letargo de la indiferencia han estado sumidas en conflictos y graves contradicciones sin respuestas, amén de dolencias y pensamientos negativos que han debilitando la mente y el espíritu hasta convertirles en una ameba.


Quién haya conocido la España rural del siglo pasado, verían a grupos de ancianos sentados al sol con una mirada viva y penetrante sin ningún signo de tener ese virus posmoderno de la secularización.


La indiferencia y el hastío llega cuando el cerebro se oscurece por el desaliento y la falta de amor entre tus semejantes, los pensamientos se convierten en una losa; es posible que llegues a considerar que tu trabajo es una mierda, solo si tú lo consideras así.


Sin embargo, si tienes la persistente sensación de que dedicas todo o parte de tu tiempo laboral a hacer algo sin sentido, puedes estar seguro de que probablemente sea cierto.


Al fin y al cabo, nadie lo sabe mejor que tú. Esta definición nos muestra que nuestra vida la han estructurado de tal manera que a nosotros mismos nos desagrada categóricamente, pero por alguna extraña razón lo consideramos normal.


Qué podría ser más deprimente que tener que levantarse cinco días a la semana durante toda la vida adulta para realizar tareas que, en secreto, crees innecesarias y una pérdida de tiempo.


Cualquier persona que esté atravesando por una crisis existencial, tiene que evitar por todos los medios de entrar en algún foro ateísta de los muchos que hay en Internet, pues al estar sensiblemente bajo en defensas anímicas corre el peligro de sufrir un ataque de ansiedad severo, más que nada por la sensación de desesperanza que transmiten.

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